sábado, 24 de agosto de 2019
Mila & Bianca - Parte 9
-Los números de las mesas son 43, 54, 89 -contaba el encargado, mientras señalaba- y de ese lado la 4, 25, 123, 451, 921, 712, 671, 914 y 816.
-¿Por qué esos números? -preguntó Bianca, confundida.
-Porque es de mala suerte ponerlos en orden.
-Ja ja.
-No es un chiste.
-Ok, perdón. Es que nunca había escuchado algo así.
-Sí, qué sé yo, bueno, ahora Carolina te va a explicar el resto. Yo me voy, feliz comienzo.
jueves, 8 de agosto de 2019
Mila & Bianca - Parte 8
-Perdón, pero no entiendo en qué consiste el trabajo.
-La idea es que puedas asimilar la mayor cantidad de asociaciones a la compañía, de manera tal que tus ingresos se retroalimenten de las participaciones que generaste a través de tus iniciativas.
-¿Y cuánto sería el sueldo mensual?
-Bueno, si bien no es habitual preguntar el salario en la primera entrevista -contestó el entrevistador, con algo de soberbia, mientras miraba por debajo del cuello de la entrevistada- te comento que no tenés que preocuparte por un sueldo, ya que acá tenés la posibilidad de hacer mucho más dinero de lo que cobrarías por un básico en cualquier otra empresa, donde sólo tendrías un ingreso fijo, por más que merecieras una cantidad mayor. Te ofrecemos superación y una mejor calidad de vida.
-La idea es que puedas asimilar la mayor cantidad de asociaciones a la compañía, de manera tal que tus ingresos se retroalimenten de las participaciones que generaste a través de tus iniciativas.
-¿Y cuánto sería el sueldo mensual?
-Bueno, si bien no es habitual preguntar el salario en la primera entrevista -contestó el entrevistador, con algo de soberbia, mientras miraba por debajo del cuello de la entrevistada- te comento que no tenés que preocuparte por un sueldo, ya que acá tenés la posibilidad de hacer mucho más dinero de lo que cobrarías por un básico en cualquier otra empresa, donde sólo tendrías un ingreso fijo, por más que merecieras una cantidad mayor. Te ofrecemos superación y una mejor calidad de vida.
domingo, 28 de julio de 2019
Mila & Bianca - Parte 7
Ese mismo domingo, Mila viajaba en colectivo a la casa de su madre. Siendo todavía temprano, la luz tenue bañaba los descampados linderos a la autopista, sobre los que su mirada iba y venía. Escuchando música y con la cabeza apoyada sobre el vidrio, recorrió un largo tramo hasta que finalmente se bajó en una avenida.
Mientras avanzaba por la misma, observaba cómo todos los negocios de ropa rezaban una leyenda similar: “Liquidación por cierre”.
En un momento, se paró frente a una heladería completamente abandonada, con un cartel de “Se alquila” en la vidriera. Con gesto de decepción, miró hacia el interior del local, y sacó una foto. Entonces continuó con su caminata, mientras chistaba y movía la cabeza con frustración.
domingo, 21 de julio de 2019
Mila & Bianca - Parte 6
-¿Vas a salir a repartir CV mañana? -preguntó a Bianca su madre ese domingo.
-Sí, ya te dije que sí.
-La semana pasada dijiste lo mismo, y no lo hiciste. Por eso te pregunto.
-Voy a ir, mamá. Además, no es todo ir a dejar CV en persona, te expliqué que la mayoría es por Internet, y estoy mandando todos los días.
-Ok… ¿Cómo te fue con este chico con el que saliste?
-No quiero hablar de eso.
-¿Te trató mal?
sábado, 13 de julio de 2019
Mila & Bianca - Parte 5
-Dale Mila, ¿qué pasa?
-Me incomoda lo que está haciendo este tipo.
Bianca miró con suspicacia.
-¿Ya querés irte?
-No, no. Quedémonos un rato más.
Mila & Bianca - Parte 4
El chofer intentó tocarla, pero ella lo repelió. Con dificultades para respirar, intentó levantar los brazos, y el conductor exclamó “¡¿Te ahogaste?!”, tras lo corrió a buscar una botella de agua, que intentó luego meterle en la boca. Ante un nuevo rechazo de Bianca, redobló la apuesta, pero ella salió disparada del colectivo. “¡Si te morís no es mi culpa, eh, yo te quise ayudar!”, le gritó, a la distancia.
Cuadras después, llegó a su casa, y recién antes de ingresar pudo calmarse. Se fue a dormir inmediatamente.
Mila & Bianca - Parte 3
Cuando pasó cerca suyo, Bianca lo saludó. Sorprendido, Darío devolvió la cortesía, y continuó rápidamente su camino hacia los asientos que estaban más atrás.
Minutos después, ella se dio vuelta, y luego se levantó para sentarse al lado de él. Al verla venir, Darío hizo un gesto de disgusto, y trató de esquivarla con la mirada. Bianca habló primero:
Mila & Bianca - Parte 2
Él empezó a comer su hamburguesa doble carne con panceta y queso cheddar, y ella repreguntó:
-¿Por qué no estás a favor del aborto?
-Porque no, no me parece. No hay por qué sacarle la posibilidad de vivir a nadie.
-Pero, perdoname, vos te estás comiendo una tremenda hamburguesa, ¿de dónde pensás que salen toda esa carne y queso?
-No es lo mismo.
Mila & Bianca - Parte 1
Escrito por: Tomás Bitocchi
-¿Querés ser mi novia? -preguntó Ezequiel.
Ella lo miró sin dar respuesta, pero él volvió a preguntar:
-¿Querés ser mi novia, Bianca? ¿Sí o no?
-Perdón -atinó a decir, tras lo que apretó los labios.
-Pero, ¿por qué no?
-Es que, no sé, no es lo que quiero.
-No entiendo.
-Nunca te prometí un noviazgo, Eze.
-Ya sé, pero me da la impresión de que ya nos comportamos
como novios. Perdón si me equivoco.
-No quiero darle vueltas a esta conversación.
-Bianca, por favor, acepto por completo que no quieras, pero
dame una explicación al menos.
-Es que no quiero, ¿por qué tengo que justificar mi negativa
a una propuesta? Simplemente no es mi deseo. Me parece razón suficiente para
dejar de hablar del tema -replicó la chica, algo molesta.
lunes, 4 de marzo de 2019
Ya habrá alguien
Ya habrá alguien a quien le guste tal como soy.
Que piense parecido.
Que no se aburra cuando me vea.
Que siempre me desee.
Y si puede, que no se cierre.
Que me cuente si está bien.
Que piense parecido.
Que no se aburra cuando me vea.
Que siempre me desee.
Y si puede, que no se cierre.
Que me cuente si está bien.
sábado, 8 de septiembre de 2018
Aurora boreal
La aurora boreal es como un pokemón raro. Puede ser que a la primera que salgas a dar vueltas te la encuentres, o quizás tengas que caminar miles de pasos hasta poder hallarla. Igual que muchos pokeraros, la aurora también suele huir al poco tiempo de ser vista.
domingo, 18 de febrero de 2018
El ángel de la guarda
-Hola, papá.
-¿Cómo estás hija?
-Bien, cansada. Perdoná que te traiga a la nena de golpe, es que salió este compromiso y si no voy me van a matar. Ya sabés cómo son en el laburo…
-Hija, despreocupate -contempló, mientras tomaba el hombro de la mujer- ¿Dónde está la princesita?
-Se fue directo a la habitación apenas abrí la puerta. Está medio ofuscada, porque vino el padre a la salida.
-¿Qué pasó?
-Se la quiso llevar, las maestras lo tuvieron que agarrar, vino la policía… un desastre. Me dijeron que lo iban a custodiar pero, la verdad, ya no les creo, por eso te la traigo, ya sabés.
-¿Cómo estás hija?
-Bien, cansada. Perdoná que te traiga a la nena de golpe, es que salió este compromiso y si no voy me van a matar. Ya sabés cómo son en el laburo…
-Hija, despreocupate -contempló, mientras tomaba el hombro de la mujer- ¿Dónde está la princesita?
-Se fue directo a la habitación apenas abrí la puerta. Está medio ofuscada, porque vino el padre a la salida.
-¿Qué pasó?
-Se la quiso llevar, las maestras lo tuvieron que agarrar, vino la policía… un desastre. Me dijeron que lo iban a custodiar pero, la verdad, ya no les creo, por eso te la traigo, ya sabés.
jueves, 25 de enero de 2018
Restos de nosotros
Intento reconfortarnos, pero a todos nos va mal. Amores que no funcionan, familias que se caen a pedazos, bebés que nacen muertos, mascotas que escapan y no regresan.
jueves, 11 de enero de 2018
La fábula argentina
29 de enero de 2016
-¡Buenas noches a todos, y bienvenidos a la gala estelar del Gobierno del Cambio! -celebró el conductor de la velada, desde el escenario del salón, y continuó- ¡Hoy podrán ver a sus estrellas preferidas de la política, presentándose al son de la música de Tan Sónica!
-¿No era Tan Biónica? -preguntó un muchacho entre la muchedumbre a su amigo, que lo acompañaba.
-Sí, ¿no? Quizás cambiaron el nombre, o es una banda tributo -replicó el pibito.
-Eh, puede ser, sí, puede ser -completó el otro.
El conductor seguía hablando:
martes, 9 de enero de 2018
La casa del abuelo
Ambos entraron en una casa diezmada, donde un cartel anunciaba “Se vende”, y debajo tenía un número de teléfono. Entraron sin tocar el timbre, y un tipo con barba espesa esperaba sentado, mientras apoyaba sus brazos sobre una mesa redonda. Uno de los visitantes, el más gordito, le preguntó:
-¿Esta es la “Casa del abuelo”? -mientras hacía gesto de comillas con sus dedos, a la par de una sonrisa burlona.
-¿La qué? -respondió el barbudo, con gesto de confusión.
-La “Casa del abuelo” -repitió, ya intentando contener la risa.
-Sí, es esta. Acá vive el abuelo.
jueves, 20 de julio de 2017
#BastaDeViolentos
-Che, flaco, te fuiste a la mierda. ¿Por qué me insultaste? Estábamos debatiendo y de golpe empezaste a agredirme, ¿te podrías disculpar?
-Ja ja ja, qué risa que me das, tomate el palo.
-Ja ja ja, qué risa que me das, tomate el palo.
sábado, 3 de junio de 2017
Error del sistema
Me seguiste hiriendo incluso cuando ya estaba vencido. "¿Cómo puede ser que acá haya habido amor?", pensaba yo, incrédulo de tu odio, tratando de dibujar en tu furia una sonrisa; jurándome que esa no eras vos, sino un error en tu sistema.
martes, 20 de diciembre de 2016
Reclusos
"Vamos, tenemos que intentarlo, hace diez años que estamos acá" me dijo mi compañero. Efectivamente, ya hacía diez años que estábamos ahí, a poco más de cincuenta metros por encima del suelo, sufriendo la llamada "condena ejemplar".
Punto de quiebre
Había una chica llorando en la entrada de un negocio abandonado. Flaca, con piernas largas, y flequillo recto. Al costado, en el escalón sobre el que estaba sentada, yacían sus gafas (de esas que ahora están de moda). Según parece, se las había quitado para poder taparse el rostro mientras sollozaba.
viernes, 16 de diciembre de 2016
Cenizas en la cerveza
Era la fiesta o reunión en la casa de un chabón que me cae bien, pero que no ubico demasiado. La música estaba a un volumen normal, se podía hablar tranquilamente. La piba fumaba sola.
viernes, 2 de diciembre de 2016
"¿Por qué salís con un golpeador?"
Hace unos cuantos años, cuando todavía cursaba la secundaria, me hice amigo de una chica. No sé si amigo es el rótulo. Era de esas relaciones en las que no sos simplemente un conocido, pero tampoco cumplís con los requisitos para ser llamado “amigo”. Estaba en ese limbo donde descansan los que no alcanzan la plenitud del vínculo, pero tampoco perecen fácilmente en el olvido. De cualquier manera, yo sí la consideraba mi amiga.
domingo, 24 de julio de 2016
Ástrid - Parte 18 (Final)
Adiós, Ástrid
Crucé la calle para buscar a Ástrid, pero no la encontré. Me asomé en dos restaurantes, pero tampoco estaba ahí. Caminé dos o tres veces por la misma cuadra, ida y vuelta, a paso muy ligero, mirando también la vereda de enfrente.
Desesperado y con el pulso a punto de reventarme el pecho, rodeé la manzana completa al trote, y encontré a una chica vestida de negro esperando el colectivo. Me acerqué lo más rápido que pude, porque justo venía el transporte público. Pero no, no era ella.
Frené, suspiré, y decidí volver a la entrada de mi trabajo, sin tomarme licencias en el apuro.
De vuelta en el punto de partida, me apoyé contra la pared, saqué el celular, y la llamé. No atendió ninguna de las tres veces, por lo que le mandé un mensaje preguntándole dónde estaba. Esperé unos minutos, pero... nada. El tiempo pasaba en la pantalla de mi teléfono, pero no recibía ninguna contestación. En la cuadra no aparecía Ástrid, y en mi cabeza todo se derrumbaba estrepitosamente.
¿Por qué no miré bien antes de salir del trabajo, de manera tal que pudiera haber evitado cruzarme con Helena? ¿Por qué no fui más cauteloso? ¿Por qué simplemente no le negué el beso y seguí mi camino?
Ya se había hecho de noche en la ciudad, y tuve un poco de frío. Crucé y me senté dentro de uno de los restaurantes que había revisado previamente, como para poder observar desde la ventana la entrada de mi oficina. La moza, vestida de negro, notó mi ansiedad, y me preguntó si necesitaba un vaso de agua. Le agradecí, y acepté su propuesta, tras lo que también le pedí un café.
Estuve una hora sentado ahí, pero Ástrid no apareció. Tampoco respondió mis subsiguientes mensajes y llamadas. Incluso revisé su perfil en Facebook, pero no había ninguna noticia.
Empecé a creer que, quizás, le había pasado algo grave, y que por eso no tenía su celular a mano. Al fin y al cabo, Ástrid era siempre puntual, y podría haber mil razones por la cual no pudo llegar. No necesariamente tuvo que haber sido ella la chica de negro que esperaba enfrente. Quizás era una camarera tomándose un descanso, o alguien que simplemente detuvo su marcha unos instantes.
Aun así, no podía sacarme la pregunta de la cabeza: ¿Y si efectivamente había visto a Helena darme un beso?
Eventualmente, me fui del restaurante, y me acomodé en mi casa. Todavía tenso, pero menos que antes, volví a escribirle a Ástrid, pero sólo sirvió para acumular más mensajes míos sin responder.
Intenté encontrarla durante las semanas que siguieron.
Al principio le enviaba mensajes por distintas vías todos los días, y luego la llamaba. Pero nunca obtenía respuesta. Luego averigué cuál era el número de teléfono del lugar donde trabajaba, y llamé a la oficina preguntando por ella. Para mi sorpresa, me contestaron que Ástrid había renunciado. Les pregunté si sabían algo más, pero no, les pasó lo mismo que a mí: la perdieron repentinamente.
A esa altura, ya no sabía dónde más buscarla, porque no conocía a nadie que tuviera algún dato de ella, ni tampoco estaba al tanto de los lugares que frecuentaba más allá de su trabajo, si es que había alguno en particular.
En algún momento, busqué la dirección del edificio en que vivía. No tenía la certeza que realmente fuera ese lugar, puesto que en Internet aparece mucha información que no es real pero, por las dudas, pasé tres tardes en la entrada, esperando cruzármela. Tampoco lo logré.
Finalmente, llegó un punto en el que me sentí raro haciendo todo esto, y desistí. Y así, nunca más supe de Ástrid.
Con los meses, mi relación con Helena fue creciendo, y nos vimos con más frecuencia. Mis amigos celebraron esto, naturalmente. No sólo era una chica muy linda, sino que se llevaba muy bien con ellos.
Así fue como comenzamos a salir todos juntos en grupo, y nos divertíamos muchísimo. Helena era fresca y amigable, y no tenía inconvenientes en seguir la corriente ante cualquier situación.
"Nunca podría haber hecho esto con Ástrid", pensé infinidad de veces, como tratando de contentarme a mí mismo, jurándome que este destino fue indefectiblemente mejor... pero no siempre me lo creí.
Es que, por supuesto que no podría haberlo hecho con ella, porque Ástrid podía ver algo que yo nunca terminé de animarme a observar. En su mirada se leían certezas en relación a otras personas, y creo que por eso no se permitía sentirse incómoda.
Ástrid no soportaba estar donde no quería, ni creía tener la obligación crear vínculos contra su voluntad. No le importaba que no querer "integrarse" le costara vivir en soledad.
Esto me quedó más que claro en mi fiesta de cumpleaños, cuando prefirió irse a fumar adentro antes que quedarse escuchando lo que mis amigos y compañeros charlaban.
Ese día realmente intentó volver a ser parte de un mundo que había abandonado, el mismo que yo habito, y del que intenté salir a través de ella. Pero nada la incitó a quedarse ahí, nada de eso era de su interés y, al final, tampoco lo fui yo.
Nunca había conocido a una chica como Ástrid, y quizás nunca la vuelva a conocer, pero en mi cuerpo dejó algo imborrable. Y ahora soy yo el que está lleno de dudas. Ahora soy yo el que no sabe qué hacer.
Crucé la calle para buscar a Ástrid, pero no la encontré. Me asomé en dos restaurantes, pero tampoco estaba ahí. Caminé dos o tres veces por la misma cuadra, ida y vuelta, a paso muy ligero, mirando también la vereda de enfrente.
Desesperado y con el pulso a punto de reventarme el pecho, rodeé la manzana completa al trote, y encontré a una chica vestida de negro esperando el colectivo. Me acerqué lo más rápido que pude, porque justo venía el transporte público. Pero no, no era ella.
Frené, suspiré, y decidí volver a la entrada de mi trabajo, sin tomarme licencias en el apuro.
De vuelta en el punto de partida, me apoyé contra la pared, saqué el celular, y la llamé. No atendió ninguna de las tres veces, por lo que le mandé un mensaje preguntándole dónde estaba. Esperé unos minutos, pero... nada. El tiempo pasaba en la pantalla de mi teléfono, pero no recibía ninguna contestación. En la cuadra no aparecía Ástrid, y en mi cabeza todo se derrumbaba estrepitosamente.
¿Por qué no miré bien antes de salir del trabajo, de manera tal que pudiera haber evitado cruzarme con Helena? ¿Por qué no fui más cauteloso? ¿Por qué simplemente no le negué el beso y seguí mi camino?
Ya se había hecho de noche en la ciudad, y tuve un poco de frío. Crucé y me senté dentro de uno de los restaurantes que había revisado previamente, como para poder observar desde la ventana la entrada de mi oficina. La moza, vestida de negro, notó mi ansiedad, y me preguntó si necesitaba un vaso de agua. Le agradecí, y acepté su propuesta, tras lo que también le pedí un café.
Estuve una hora sentado ahí, pero Ástrid no apareció. Tampoco respondió mis subsiguientes mensajes y llamadas. Incluso revisé su perfil en Facebook, pero no había ninguna noticia.
Empecé a creer que, quizás, le había pasado algo grave, y que por eso no tenía su celular a mano. Al fin y al cabo, Ástrid era siempre puntual, y podría haber mil razones por la cual no pudo llegar. No necesariamente tuvo que haber sido ella la chica de negro que esperaba enfrente. Quizás era una camarera tomándose un descanso, o alguien que simplemente detuvo su marcha unos instantes.
Aun así, no podía sacarme la pregunta de la cabeza: ¿Y si efectivamente había visto a Helena darme un beso?
Eventualmente, me fui del restaurante, y me acomodé en mi casa. Todavía tenso, pero menos que antes, volví a escribirle a Ástrid, pero sólo sirvió para acumular más mensajes míos sin responder.
Intenté encontrarla durante las semanas que siguieron.
Al principio le enviaba mensajes por distintas vías todos los días, y luego la llamaba. Pero nunca obtenía respuesta. Luego averigué cuál era el número de teléfono del lugar donde trabajaba, y llamé a la oficina preguntando por ella. Para mi sorpresa, me contestaron que Ástrid había renunciado. Les pregunté si sabían algo más, pero no, les pasó lo mismo que a mí: la perdieron repentinamente.
A esa altura, ya no sabía dónde más buscarla, porque no conocía a nadie que tuviera algún dato de ella, ni tampoco estaba al tanto de los lugares que frecuentaba más allá de su trabajo, si es que había alguno en particular.
En algún momento, busqué la dirección del edificio en que vivía. No tenía la certeza que realmente fuera ese lugar, puesto que en Internet aparece mucha información que no es real pero, por las dudas, pasé tres tardes en la entrada, esperando cruzármela. Tampoco lo logré.
Finalmente, llegó un punto en el que me sentí raro haciendo todo esto, y desistí. Y así, nunca más supe de Ástrid.
Con los meses, mi relación con Helena fue creciendo, y nos vimos con más frecuencia. Mis amigos celebraron esto, naturalmente. No sólo era una chica muy linda, sino que se llevaba muy bien con ellos.
Así fue como comenzamos a salir todos juntos en grupo, y nos divertíamos muchísimo. Helena era fresca y amigable, y no tenía inconvenientes en seguir la corriente ante cualquier situación.
"Nunca podría haber hecho esto con Ástrid", pensé infinidad de veces, como tratando de contentarme a mí mismo, jurándome que este destino fue indefectiblemente mejor... pero no siempre me lo creí.
Es que, por supuesto que no podría haberlo hecho con ella, porque Ástrid podía ver algo que yo nunca terminé de animarme a observar. En su mirada se leían certezas en relación a otras personas, y creo que por eso no se permitía sentirse incómoda.
Ástrid no soportaba estar donde no quería, ni creía tener la obligación crear vínculos contra su voluntad. No le importaba que no querer "integrarse" le costara vivir en soledad.
Esto me quedó más que claro en mi fiesta de cumpleaños, cuando prefirió irse a fumar adentro antes que quedarse escuchando lo que mis amigos y compañeros charlaban.
Ese día realmente intentó volver a ser parte de un mundo que había abandonado, el mismo que yo habito, y del que intenté salir a través de ella. Pero nada la incitó a quedarse ahí, nada de eso era de su interés y, al final, tampoco lo fui yo.
Nunca había conocido a una chica como Ástrid, y quizás nunca la vuelva a conocer, pero en mi cuerpo dejó algo imborrable. Y ahora soy yo el que está lleno de dudas. Ahora soy yo el que no sabe qué hacer.
martes, 28 de junio de 2016
Ástrid - Parte 17
La vereda de enfrente
Finalizada la llamada, atendí el timbre y le avisé a Helena
que enseguida le abría, pero me dijo que justo ingresó alguien al edificio y que entraría a la par de esa persona, así que no era necesario que yo bajara
para darle la bienvenida. Sólo tenía que esperarla en mi casa.
Ástrid - Parte 16
Sueños y despedidas
Ese lunes, antes de salir al trabajo, envié un mensaje a
Ástrid a la mañana, para desearle que tuviera un buen día. Pasó toda la jornada
laboral, y no obtuve respuesta alguna. De hecho, me aparecía que ella había
visto lo que le escribí pero, aparentemente, mis palabras no ameritaban que
ella me contestase.
domingo, 26 de junio de 2016
Ástrid - Parte 15
Mundos enfrentados
Mientras miraba el colectivo alejarse, mi cuerpo rebalsaba de emoción, no podía estar más feliz. Ástrid finalmente se estaba abriendo a mí, más allá que fuera lentamente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)