martes, 29 de noviembre de 2022

La primera charla con El Shark - La Pileta

Llegué al natatorio y Grace me saludó amablemente, como cada mañana. Luego le mostré mi carnet para que autorizara mi ingreso, y continué mi camino hacia le vestuario, que está en el primer piso.

El carnet hay que mostrarlo para que, tanto Grace como Venus, miren si tu revisación médica venció. Cuando tu revisación vence, tenés que hacerte otra, para verificar que no tengas piojos, hongos, o alguna otra cosa. Cada revisación es válida por 30 días. 

Dentro del vestuario me encontré a Pescadito, que me habló nerviosamente sobre cuánto tardó en llegar y lo lleno que iba el colectivo. Cada vez que me lo cruzo me habla de lo mismo. Yo me limito a asentir y dejarlo hablar. Quizás debería intentar cambiarle de tema, para variar. No sé.

Después de cambiarme, bajé a la pileta, y me metí al mismo andarivel que El Shark, como cada mañana. Si llegamos a cruzarnos los dos en la superficie, nos saludamos haciendo un gesto con la cabeza, pero muchas veces eso no ocurre, y simplemente compartimos la hora estando bajo el agua.

En general, los andariveles ya están ocupados por una persona, y hay que elegir con quién compartirlo. La decisión es clave, porque puede hacer de tu hora de natación un infierno o algo aceptable. 

Al principio, yo elegía compartir mi hora con algún nadador lento, porque pensaba que eso me sacaba presión para moverme pero, con el tiempo, entendí que estaba equivocado. En mi opinión, la mejor pareja para una hora de natación es alguien que tenga una velocidad similar a la tuya: Eso mantiene tu ritmo parejo y evita flojeras propias de nadar junto a alguien más lento. 

Ya con 3 meses de venir a este natatorio, le agarré la mano.

La pileta tiene 6 andariveles. Uno se usa para la clase de Rústica, y los demás son de pileta libre. Al menos, esto es así en mi horario. 

Además, están las del Team Aquagym, que terminan justo en la hora anterior a la mía, pero es imposible no cruzárselas porque se quedan siempre charlando al lado de la pileta. Rústica jamás dejaría que algo como esto pase con sus estudiantes, pero la profesora de aquagym es bastante más liviana.

En general, conozco a todos los de mi horario, salvo por las alumnas de Rústica. Esto es porque ella no les permite distraerse con hombres. De hecho, Rústica no habla con hombres a menos que sea sumamente necesario. 

Salvo por estas alumnas, en general no hay mujeres nadando de manera fija en mi horario. A veces aparecen algunas que vienen durante una semana, y luego desaparecen. Usualmente, casi todos somos hombres.

La única excepción es Sirenita. 

A diferencia de personajes como El Shark, que siempre intenta nadar en el mismo andarivel, Sirenita no parece tener preferencia por ninguno. De ella no puedo decir mucho porque, como soy miope y en el agua no uso anteojos, hasta ahora sólo la vi de lejos. 

No tengo idea de su edad, ni de su cara y, como tampoco se escucha mucho por el chapoteo, no tengo pistas de su voz. Sólo sé que es una mujer alta y esbelta, y que los bañeros se desviven por ella. Ah, sí, y que El Shark no la soporta, aunque todavía no sé por qué. 

Cada vez que se da cuenta que ella llegó, mira el espectáculo que montan los bañeros para recibirla, y mira la escena con desprecio. 


Después de una hora de nadar, salí casi en sintonía de la pileta con El Shark y, para mi sorpresa, por primera vez me habló en el vestuario:

-Flaco, ¿este gorro es tuyo? -me preguntó.

-Uh, sí, mil gracias -le contesté, dándome cuenta que me había olvidado el gorro.

-No, de nada, hay que cuidarlos porque están cada vez más caros, y acá si se te pierde algo nunca más aparece -dijo, dándome el gorro, y comenzándose a cambiar él.

-¿No tienen un guardarropa o algo para objetos perdidos? 

-No, ¿qué van a tener? Esta pileta la gestionan con los ojos cerrados y las manos curiosas, ¿entendés lo que quiero decir?

-Hm, no sé...

-Que son chorros y no dan explicaciones, flaco, eso estoy queriendo decir -replicó, con la amabilidad propia de una lija, pero sin faltarme el respeto.

-Ah, qué boludo, sí, ahora te entendí, está bueno el uso de palabras que hiciste -elogié.

-Yo digo las cosas así porque, si no, la gente se ofende. Si digo que son chorros y no dan explicaciones se ponen como locos pero, si digo lo otro, no lo entienden, y yo me cago de risa. 

-Claro, vos les tomás el pelo con estilo. Eso querés decir, ¿no? -indagué.

-Sí, ponele. Bueno flaco, hasta luego -contestó abruptamente, una vez que se terminó de cambiar. 

-Dale, nos vemos mañana -saludé.

Erguido y con plena convicción, El Shark salió del vestuario a paso firme. 


















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